domingo, 9 de marzo de 2008

LA LUCHA DE LAS MUJERES Y SU ORIGEN

Breve historia de la lucha de las mujeres contra la opresión

La lucha de las mujeres contra la opresión


La lucha de las mujeres contra opresión y por la defensa de sus derechos como seres humanos ha sido una constante.

En el transcurso de la historia la obra de importantes mujeres ha encontrado múltiples obstáculos para sobresalir en un ambiente predominantemente machista.

Más aún, en algunos procesos revolucionarios fueron desdeñadas las demandas históricas de este sector fundamental de la sociedad.

La revolución francesa

Aunque mucho antes, algunas mujeres en lo individual plantearon reivindicaciones por la igualdad femenina, hubo que esperar a la Revolución Francesa para que las mujeres empezaran a expresarse de manera colectiva.

Tras el triunfo de la revolución en 1789 pronto surgió una contradicción evidente: una revolución que basaba su justificación en la idea universal de la igualdad natural y política de los seres humanos ("Liberté, Egalité, Fraternité"), negaba el acceso de las mujeres, la mitad de la población, a los derechos políticos, lo que en realidad significaba negar su libertad y su igualdad respecto al resto de los individuos.

La autora teatral y activista revolucionaria Olimpia de Gouges fue en este proceso la voz de la mujer. En 1791 publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana que era el equivalente, desde el punto de vista femenino, de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional en agosto de 1789. En ella decía:

"Las madres, las hijas y las hermanas, representantes de la nación, piden ser constituidas en Asamblea Nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, por ello han resuelto exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer."

Parafraseando el documento programático de la revolución, Olimpia de Gouges denunciaba que la revolución había olvidado a las mujeres en su proyecto igualitario y liberador. Afirmaba que la "mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos". El programa de Olimpia exigía libertad, igualdad y derechos políticos, especialmente derecho al voto para las mujeres. Sin embargo, el planteamiento feminista no era compartido por los hombres que dirigían la revolución, incluso por los más radicales. La encarcelación y ejecución de Olimpia de Gouges significó el fracaso de las reclamaciones feministas durante este proceso revolucionario.

Posteriormente el Código Civil napoleónico (1804), en el que se recogieron los principales avances sociales de la revolución, impuso leyes discriminatorias, según las cuales el hogar era el ámbito exclusivo de la mujer.

Los orígenes del feminismo

Los cambios políticos, económicos y sociales que vinieron con la Revolución Industrial, en la década de 1770, provocaron una aceleración del movimiento feminista.

En Inglaterra, en 1850 se observaba que el número de mujeres solteras mayores de 45 años había crecido entre las clases medias. El "sueño del matrimonio" registraba un cierto retroceso para muchas mujeres, no sólo como proyecto de vida, sino también como opción económica. Así, a principios del siglo XX el 70.8% de las mujeres solteras, entre 20 y 45 años, tenía un trabajo remunerado.

Otro elemento lo constituyó la incorporación masiva de la mujer al trabajo durante la Primera Guerra Mundial para sustituir a los hombres que habían marchado al frente. La consciencia de su valor social y económico alentó la demanda del derecho de sufragio.

Los objetivos del movimiento feminista en esta primera etapa fueron: el derecho al voto, mejor educación, capacitación profesional, apertura de espacios laborales y la equiparación de sexos en la familia como medio de evitar la subordinación de la mujer.

La lucha por el derecho al voto integraría a mujeres de clase alta y media, las que, a pesar de sus distintas ideologías y objetivos, coincidieron en reclamar el derecho a la participación política para reformar la legislación y en consecuencia la sociedad. El sufragismo surgió principalmente en los países capitalistas con una clase media poderosa e ideales democráticos asentados en sus instituciones políticas.

Una evolución diferente se presentó en países como Austria-Hungría y Alemania, Turquía y Rusia. El desmoronamiento de los primeros tras la Primera Guerra Mundial trajo reformas muy progresistas, el voto femenino entre ellas, sin necesidad de un fuerte movimiento sufragista. En Rusia fue posible después de la revolución de octubre de 1917. En el caso de los estados surgidos del Imperio turco: Yugoslavia, Grecia y Bulgaria, el peso de la tradición era todavía muy fuerte y no hubo sufragismo ni reformas que beneficiaran a la mujer.

En los países occidentales cabría diferenciar entre los protestantes, como Inglaterra y Holanda: más modernos y prósperos económicamente, y los católicos: Italia, España, Portugal: atrasados, tradicionales y conservadores. En los primeros hubo un movimiento sufragista fuerte, y gracias a éste consiguieron las reformas y el voto. En los segundos, con un débil movimiento sufragista y sólo tras una fuerte lucha y muy tarde, caso de Italia, o por el reformismo de sus gobernantes, caso de España, se obtuvieron estas conquistas.

Aunque la movilización a favor del voto haya sido uno de sus ejes más importantes en este primer período, no debe equipararse sufragismo y feminismo. Este último tiene una base reivindicativa muy amplia que contempla demandas sociales como la eliminación de la discriminación, acceso a la educación, trabajo igual con salario igual, con relación a los salarios de los trabajadores hombres, etcétera.

El feminismo en Norteamérica


(Elizabeth Candy Staton, signataria de la Declaración de Seneca Falls)

El primer documento colectivo del feminismo norteamericano lo constituye la Declaración de Seneca Falls, aprobado en 1848 en esa localidad del estado de Nueva York.

"La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella. El hombre nunca le ha permitido que ella disfrute del derecho inalienable del voto. La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz. Si está casada la ha dejado civilmente muerta ante la ley. La ha despojado de todo derecho de propiedad, incluso sobre el jornal que ella misma gana", dice este texto.

Tras la guerra de Secesión (1861-1865) el movimiento feminista, que se había ligado al abolicionismo, sufre una gran desilusión. Pese al triunfo de los partidarios de la supresión de la esclavitud, la XIV enmienda de la Constitución, que otorgaba el derecho de voto a los esclavos negros liberados, le negó a la mujer ese derecho.

Feminismo y movimiento obrero
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Clara Zetkin (1857-1933)

A pesar de que los plan-teamientos feministas eran interclasistas, sus ideas no lograron penetrar ampliamente en las obreras. Ni sufragistas ni feministas consiguieron movi-lizar ampliamente a las mujeres trabajadoras. Los propios ideólogos del movimiento obrero, en la primera mitad del siglo XIX, mantuvieron posturas encontradas respecto a la igualdad de derechos de la mujer.

Flora Tristán, pionera del feminismo socialista, decía en 1843:
"A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (...) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras".

Esta posición contrasta claramente con la misoginia de algunos ideólogos del movimiento obrero como Pierre-Joseph Proudhon. Este afirmaba que una mujer igual al hombre significaría "el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana". Para Proudhon, "no hay otra alternativa para las mujeres que la de ser amas de casa o prostitutas".

Fueron Marx, Engels y August Bebel los que establecieron las bases del pensamiento socialista sobre la situación de las mujeres. Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado equiparaba la dominación de clase con la dominación de la mujer por el hombre. Para él como para Marx, la emancipación de la mujer sólo se haría realidad tras una revolución socialista que liquidara el capitalismo, en consecuencia, la lucha de las mujeres debía ir unida a la lucha de clases, ya que no había diferencia alguna de objetivos.

Para Marx y Engels, la igualdad política entre los sexos era una condición necesaria para la plena emancipación de la sociedad. Además, los fundadores del socialismo científico entendían que la base fundamental de la emancipación femenina era su independencia económica frente al hombre.

"La mujer es un ser libre e inteligente, y como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre; si esto es así, lo necesario es ponerla en condiciones de libertad para que se desenvuelva según sus facultades. Ahora bien, si relegamos exclusivamente a la mujer a las funciones domésticas, es someterla, como hasta ahora, a la dependencia del hombre, y, por lo tanto, quitarle su libertad".

Por su parte, Bebel, dirigente socialista alemán, escribe en La mujer y el socialismo: "La mujer de la nueva sociedad será plenamente independiente en lo social y lo económico, no estará sometida lo más mínimo a ninguna dominación ni explotación, se enfrentará al hombre como persona libre, igual y dueña de su destino".

Por último, hay que destacar, dentro de la socialdemocracia alemana, la figura de Clara Zetkin (1857-1933). Fue la gran propulsora del feminismo en la Segunda Internacional o Internacional Socialista. En 1907, se celebró, bajo sus asupicios, la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Y en 1910, propuso a esta organización la creación del Día Internacional de la Mujer celebrado por primera vez en marzo del año siguiente. Más de un millón de mujeres participaron públicamente en él.

En ese mismo mes de 1917 más de cien obreras en huelga de la compañía Triangle Shirtwaist fueron asesinadas en un incendió de la fábrica provocado por su patrón.

La Revolución Rusa

El 8 de marzo se consolidó como el Día Internacional de la Mujer tras el motín de mujeres de San Petersburgo el 8 de marzo de 1917, el cual dió origen a la revolución rusa.

En el libro La revolución traicionada, de León Trotsky, se exponen las grandes conquistas que trajo para las mujeres rusas la toma del poder en octubre de 1917. Rusia fue el primer país que aprobó el aborto legal y gratuito y se dieron pasos importantes hacia la socialización del trabajo doméstico, paso ineludible para romper las cadenas que atan a las mujeres, sobre todo a las obreras. La burocratización posterior de la URSS implicó un grave retroceso en la transición al socialismo, lo se evidenció cuando Stalin promulga en 1930 una ley de familia que echaba atrás la socialización del trabajo doméstico. En 1936, se prohíbe el aborto argumentando que en el socialismo las mujeres ya podían disfrutar de la maternidad sin penuria económica.

Avance del movimiento feminista

La independencia económica adquirida por las mujeres y la elevación de su educación coadyuvaron a la ampliación del movimiento en pro de la igualdad de sus derechos. Este movimiento cristaliza en los años sesenta y representa un cambio cualitativo respecto del discurso, el eco y apoyo social de los movimientos sufragistas.

En estos años el movimiento feminista lucha en un doble frente: promueve la demanda de la igualdad entre los sexos mediante modificaciones en el orden jurídico y político, y a través de campañas en favor del divorcio, del derecho de aborto, de la igualdad de salarios y la no-discriminación. Por otro lado, desarrolla una crítica global a la sociedad patriarcal que va de la reivindicación de la autonomía e independencia de las mujeres, a la defensa de nuevos valores para plantear cambios sustantivos en las formas de organización y relación social.

En 1960 se inicia en los Estados Unidos la comercialización de la píldora anticonceptiva, instrumento básico en el control de su sexualidad. En diciembre de 1966 tuvo lugar la primera manifestación masiva en favor del divorcio en Italia. En 1967 se legalizó el aborto en Gran Bretaña. En diciembre de 1970 el Parlamento italiano aprueba la ley de divorcio. En marzo de 1971 tuvo lugar la primera de las grandes manifestaciones del movimiento feminista británico en Londres, bajo los lemas: a igual trabajo igual salario; igualdad de oportunidades en la enseñanza y el mundo laboral; libre circulación de los métodos anticonceptivos y liberalización del aborto; guarderías gratuitas y públicas. En 1974 se aprobó por el Parlamento francés la nueva ley del aborto. En diciembre de 1975 se celebró en Roma una manifestación que congregó a decenas de miles de personas convocadas por las organizaciones feministas en favor de la legalización del aborto.

Ese mismo mes de diciembre de 1975 entraron en vigor en Gran Bretaña la Sex Discrimination Act y la Equal Pay Act que reconocen la igualdad absoluta de ambos sexos. En 1975 tuvo lugar en Islandia la primera huelga general de mujeres, que logra paralizar al país. En 1981 se aprobó en España la ley de divorcio y en febrero de 1983 la ley de despenalización del aborto.

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